Archivos para 24 marzo 2010

27 de marzo a las 20.30 horas: Apaga la luz y enciende el Planeta

Hay días y horas que recordamos de manera espontánea. Algunas son fechas personales y otras fechas que la sociedad nos ha ido inculcando – muchas de ellas con un efecto comercial asociado bastante importante, por cierto. Pero hay fechas que, aún no tienen la fuerza y el reconocimiento que deberían. Una de ellas es “La hora del Planeta” que tendrá lugar el próximo 27 de marzo a las 20.30 horas.

¿Qué es la Hora del Planeta? Pues, según sus organizadores, “la mayor acción global contra el cambio climático”.

Para mí es básicamente un toque de atención. Una llamada a la acción y a la reflexión. Acción porque nos implica a todos con un gesto tan sencillo como es apagar la luz durante una hora para reducir el consumo energético en el planeta y con ello, ayudarle, darle un respiro aunque tan sólo sea de una hora. Reflexión porque esta acción surge de un movimiento espontáneo en Sidney – ¡¡gracias Sidney!! – que consiguió que más de 2 millones de personas de esta ciudad apagaran la luz para “encender el planeta”.  En 2008 la iniciativa se amplió a 50 ciudades y a 400 millones de personas; en 2009 se alcanzó la cifra de 1.000 millones de personas de 4.000 ciudades en 88 países.

¿Qué se conseguirá en 2010? En nuestras manos está. Y, por supuesto, en la de los políticos que gestionan nuestro futuro y el del planeta.  Por muy loable que sea la iniciativa, de poco servirá si se queda en algo anecdótico e incluso oportunista. Es muy tentador hacerse la foto por el cambio climático y participar de esta acción, pero ello debe conllevar un compromiso a corto y medio plazo tanto de los individuos, como de las empresas y las instituciones. Al final,  como reza uno de los eslóganes de la campaña liderada por WWF Adena, “no importa de qué país eres sino el planeta al que perteneces”

En un momento como el actual en el que el individuo ha cobrado una fuerza que no tenía hace 3 años, y donde las redes sociales nos permiten estar en contacto con miles de personas, hagamos uso de ellas para compartir con el mayor número posible de amigos nuestra inquietud por el planeta. Apaguemos la luz y con ello, además de ayudar al Planeta, levantemos nuestra voz. Hagamos uso de toda nuestra fuerza individual para realmente ser un gran colectivo.

¡¡Vamos que queda poco!! Díselo a todos tus amigos, followers o contactos.  El Planeta lo merece.

Una historia de ética, comunicación y humanidad…sin final feliz

El trabajo de todos aquellos que nos dedicamos a la comunicación, en sus diferentes formas y modalidades, responde a la necesidad de dar a conocer al público informaciones que, a nuestro juicio, pueden ser relevantes para ellos. A veces, incluso, buscamos despertar emociones y exigir respuestas, pero os habéis preguntado alguna vez qué pasaría si tuviéramos que elegir entre agitar la conciencia colectiva o dejar a un lado la condición de comunicadores y dejarnos llevar por las emociones.

Para que cada uno pueda buscar respuesta a esta pregunta, dejadme que os cuente una gran historia, sobre la que se han escrito miles de páginas y ocupado cientos de horas de televisión, pero que no por ello sigue siendo menos actual. Todo se refiere a una mítica foto que tomó en 1993 uno de los reporteros cuya obra más admiro, Kevin Carter, que pasó más de 10 años de su vida retratando la realidad social de los más desfavorecidos y fue uno de los primeros en mostrar la verdadera cara del apartheid sudafricano.

Todo ocurrió un caluroso día de marzo de 1993, en la aldea de Ayod, en Darfur, al sur de Sudan. Kevin Carter había viajado hasta allí formando parte de una misión de entrega de alimentos para hacer un reportaje sobre la situación en la zona. Tanto a él como a sus compañeros les habían prohibido expresamente entrar en contacto con los refugiados, que literalmente se arrastraban hasta llegar al campamento de Naciones Unidas.  Uno de ellos, una niña de unos 4 años, se derrumbó agotada mientras sus padres se adelantaban en busca de alimentos.  Estuvo observándola durante casi 20 minutos y su cámara captó el momento en el que un buitre se posaba a su lado esperando su muerte.  Según Carter, la niña acabó levantándose y continuando su camino, momento en el que se alejó del lugar y, apoyado en un árbol, se echó a llorar. Unos días después, el 23 de marzo, la fotografía aparecía publicada en el New York Times, para convertirse en una de las imágenes más reproducidas de la historia.

Gracias a la fotografía, Kevin Carter ganó el premio Pulitzer en mayo de 1994, pero las críticas le llegaron desde muchos frentes. Pese a las numerosas preguntas que inundaron las redacciones de los periódicos, nunca se supo con seguridad qué le ocurrió a la niña. Fruto de ello y, seguramente de la muerte de un compañero y del recuerdo de todas las imágenes que su cámara había captado a lo largo de los últimos diez años, Carter cayó en una profunda depresión. En julio de 1994 condujo su furgoneta hasta la orilla del río en el que jugaba de niño y se suicidó. Tenía 33 años.

En una de las entrevistas que concedió antes de su muerte, Kevin Carter afirmó “Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla, la odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña.” Su mejor trabajo como “comunicador”, que sin duda centró la mirada del mundo en lo que acontecía en Sudán, fue también su mayor error como ser humano.

¿Por qué el Departamento de Defensa de Estados Unidos levantó su veto sobre los Medios de Comunicación Social?

Corría el pasado mes de agosto cuando el Departamento de Defensa de los EEUU tomaba una decisión bastante controvertida: prohibir a los soldados estadounidenses participar en cualquier medio de comunicación social apelando a la seguridad de las tropas. Recientemente hemos visto como una operación del ejército israelí se suspendía porque uno de los soldados que participaba en la operación daba detalles de la misma en su perfil en Facebook, con lo que se demuestra que el riesgo existe.

Pero, menos de un año más tarde, el departamento ha dado marcha atrás en esta decisión y ha hecho pública una nota oficial según la que todos los empleados del Departamento de Defensa, que incluye el Ejército, la Fuerza Aérea, la Armada y la Infantería de Marina, pueden participar de nuevo en los medios de comunicación social.

 ¿Qué ha hecho posible este cambio?

Como muchas compañías, el Departamento de Defensa se dio cuenta que sus empleados estaban usando los medios de comunicación social y las conversaciones que allí se generaban sin ningún tipo de control sobre el impacto que las mismas podían tener. El control es, en sí mismo, un concepto que no existe en los medios de comunicación social.

Tras analizar la actividad que se generaba en las conversaciones, el departamento descubrió con sorpresa que estas eran muy beneficiosas para las tropas ya que, por ejemplo, las redes de comunicación social mantenían alta la moral de las tropas al facilitar el contacto de los militares con sus familias y amigos

Estaba claro que el  Departamento tenía que hacer algo, pero tampoco podía permitir abrir las puertas a cualquier contenido que pudiera poner de nuevo en riesgo la seguridad de las tropas. El Departamento de Defensa creó una exhaustiva política de medios sociales que permitiera ayudar a los militares a tener un correcto comportamiento online explicándoles también el proceso que se había puesto en marcha para mantener la seguridad de las tropas sin reducir su actividad en las redes sociales.

 ¿Qué enseñanza nos deja esto?

Como el Departamento de Defensa de EEUU, seguro que cualquiera que sea la empresa en la que trabaje tendrá algo que no quiera que se comunique, o al menos querrá mantener el control sobre ello, si es posible. El ejemplo que hemos visto aquí nos muestra que como empresario, podría prohibir el acceso de sus empleados a las redes sociales, pero ¿qué beneficios le aportaría?, ¿no sería mejor regular de qué manera acceden o participan cuando lo hagan en nombre de la empresa?

Definitivamente, la mejor manera de gestionar este “bucle del miedo a la pérdida del control” es diseñar una política de medios sociales en la que todo el mundo sepa qué puede hacer y qué no. Estas políticas ayudan a las organizaciones a definir el correcto “comportamiento online” de sus empleados y, por evidente que nos parezca el tema, tan sólo el 11% de las empresas en Europa disponen de este tipo de políticas.

Moraleja: No deje que el miedo a lo desconocido le prive de los beneficios que sus empleados le puedan ofrecer a través de los medios sociales. Eso sí, comenzando siempre con una buena política de medios sociales


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